El agua en obra: evitar fisuras tipo “craquelados”

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“El Agua en obra es como Dios… omnipotente y omnipresente”

Efectivamente y sin temor a equivocarnos esta es la expresión que mejor describe al AGUA en nuestra disciplina.

Claro que  no nos referimos al lógico efecto que puede tener la lluvia (impredecible) en el peor momento de un proceso de construcción, como ser durante el volcado de hormigón de una estructura, sino a su verdadera naturaleza y los riesgos que trae no “reconocerla”.

Hay principios muy simples y bastante incorporados por la mayoría de nosotros.

El hecho de que el agua es el elemento de mayor presencia en nuestro medio (este planeta), que se presenta en los 3 estados de la materia (gaseoso, líquido y sólido) en la naturaleza y que cambia de estado en condiciones naturales, a veces en ciclos muy breves (liquida de día  a temp sobre cero y sólida de noche a temp bajo cero) lo que implica también un cambio de volumen.

Esto que parece información elemental y de contexto, se convierte en muy relevante si aplicamos estos datos al análisis y reflexión de los procesos de construcción (todos, de los más tradicionales a los mas sofisticados). Hablamos de “conocimiento” del agua y no solo “información”.

Resulta que si no se tiene en cuenta al agua durante la “génesis” de una edificación, será el motivo directo o indirecto, de muchas… pero muchas lesiones patológicas.

No solo hablamos de las fastidiosas “humedades” a la vista en obra o al poquito tiempo de terminada. Nos referimos también a algunas fisuras.

Vemos el tema directamente sobre un caso, las fisuras en “craquelado” o “mapeado” en un revoque

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Partimos del hecho de que ambos son realizados con morteros de materiales adecuados (elásticos y plásticos) y bien dosificados en sus partes secas, por lo que deberán el nefasto “craquelado”  al agua:

– tal vez por la cantidad de agua que se le agregue al mortero
– tal vez la calidad del agua utilizada
– tal vez por la humedad relativa del ambiente (es agua)
– tal vez por la radiación solar (muy alta y/o exposición excesiva) durante su aplicación y luego de ella (es perdida de agua)
– tal vez varias o todas ellas

Es lógico, a todo “fragüe” le afecta irremediablemente el agua. Por ser un proceso químico que se activa con agua (la cantidad correcta), se desarrolla con agua (también en cantidad adecuada) y culmina con las nuevas condiciones químicamente adquiridas por la masa al eliminar determinada cantidad de agua en un tiempo específico.

Pero no hay porqué alarmarse. Realmente es posible hacer revoques  óptimos considerando algunas buenas prácticas respecto al agua, con ellas podrás evitar el “craquelado” por causa relativas al agua, te dejamos opciones:

Cantidad de agua
Debe ser la indicada en el dosaje del mortero elegido, no es a ojo, no es a gusto y ciertamente no es “lo de menos”

Calidad de agua  
Debe cumplir con lo siguiente:
• Limpia (de tierra, cemento, cal, organismos, materia orgánica, aceites, etc.
• Sin sales
• Con PH neutro (7)
• No usar aguas minerales ni selenitosas
• No es conveniente el agua de lluvia, que dará reacciones ácidas que desfavorecen el fragüe

IMPORTANTE: estos requisitos de “calidad del agua” son aplicables a la ejecución en general para evitar numerosas lesiones  y no solo como prevención de los “craquelados”

Humedad relativa
• En ningún caso (HR muy alta o muy baja) cambiar el dosaje de agua del mortero, perjudicarías el fragüe y aumentaría la posibilidad de craquelado independientemente de la HR.
• En ambientes muy secos (20% o menos) aplicar y de inmediato proteger la superficie con nylon de obra y mantener protegido hasta terminar el fragüe.
• En ambientes muy húmedos (60% o más) no es el “craquelado” una consecuencia negativa,  pero hay otras que seguro veremos en otro artículos.

Radiación solar
• Elegir horas del día de menos incidencia (muy temprano o al final del día) y luego proteger la superficie con nylon de obra o media-sombra separando para dejar pasar aire, o directamente hacer la aplicación con la superficie protegida y así dejarla hasta terminar el fragüe

Ante esto, que es una muy breve expresión del potencial “divino” del Agua aplicada a un caso,  pensamos que lo mejor es comenzar a “reconocerla”.

Primero, aceptando que no reconocerla, o peor aún subestimarla,  solo traerá problemas. Pocos o muchos, iguales o diversos, leves o muy graves, como resulten, podes tener la certeza de que no tardarán en aparecer.

Y segundo, incorporando sus características y propiedades , ya no como información anexa que algún día tuviste sino aplicándolas a tus tareas profesionales cotidianas.

Para comenzar a “reconocer” al agua o ampliar tu conocimiento, proponemos tener bien presente, lo siguiente:

• En el medio en el que se realiza una edificación (este planeta), el agua está presente dentro y en torno a todo , siempre y en condiciones que cambian permanente
Lluvia, humedad relativa ambiental, napas de suelo, humedad de los  materiales, humedad de equilibrio de materiales y elementos constructivos, corrosión de hierros, etc, etc

• La mayoría de los procesos constructivos involucran al agua
Solo pensar que los morteros son o están presentes en la mayor parte (por mucho) de los m2 de una obra de construcción tradicional.

• En una construcción tradicional se requieren aproximadamente 150 ltrs por m2 para producirla
Si es menor por escasa,  hay fallas y si es mayor por excesiva, hay más fallas

• No podemos prescindir de su utilización por completo
Ni siquiera en la “construcción en seco”

 Por si esto no fuera suficiente… no controlamos su naturaleza, con lo cual nos queda hacer nuestros mejores esfuerzos para comprenderla y usarla a nuestro favor.

 

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